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MENSAJE A LOS MAESTROS EN SU DÍA

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Si bien cada año se celebra el Día del Maestro y se hace reconocimiento en honor a sus esfuerzos, hoy desde la posición de Secretario de Educación, quiero compartir esta breve reflexión de mayor conciencia con el gran compromiso que implica la construcción del tejido social de los seres humanos que requiere el mundo.

La realidad educativa de nuestra región, y del mundo en general, nos habla de profundos cambios en los sistemas educativos, no solo en lo que concierne a los estadios que lo estructuran, sino a sus fines y objetivos, a sus mediaciones y actores. Y es que en realidad más que el sistema en sí, lo que existe es una crisis de humanidad que pretende ser afrontada desde cambios externos, desde maquillaje normativo, sin que dichas reformas logren tocar de fondo la génesis misma de la crisis, que no es otra que una crisis ética y moral del mismo ser humano.

Buscamos y encontramos culpables, se acusa a los estudiantes de mediocridad, facilismo, superficialidad, de carencias cognitivas que hacen cada vez más difícil el proceso educativo, también hoy se culpa a los docentes de sus prácticas pedagógicas descontextualizadas e ineficaces, de su falta de compromiso y exigencia, de la ausencia de competencias y destrezas para hacer realidad un cambio sustancial en el énfasis que se hace al proceso educativo, que no es otro que pasar de la enseñanza al aprendizaje. Y es que allí radica lo esencial de un auténtico maestro, no tanto en enseñar, sino formar, en cuanto lograr que sus estudiantes aprendan.

Se está dejando atrás la importante realidad de que la formación en el hogar es la base de cualquier persona y de la responsabilidad que implica educar a los hijos en el hogar, promoviendo los valores del respeto, la cortesía, la generosidad, entre otros, para abonar el camino del conocimiento para el momento en que entren a la escuela.

Durante nuestra niñez, los padres son los primeros maestros y la casa nuestra primera escuela, y son el ejemplo por seguir que tenemos, los que inculcan los primeros conocimientos.

Son muchos los filósofos y expertos que aseguran que las riquezas de un país no se miden en índices económicos ni en los avances tecnológicos que desarrolla. La verdadera riqueza de una sociedad está en la forma en cómo educa a sus miembros.

Garantizar una educación libre, gratuita y de calidad debe ser prioridad para cualquier gobierno, pero para ello se debe invertir en la formación de educadores con vocación, calidad humana y amor por la enseñanza, al mismo tiempo que se remuneren de la forma más justa y proporcional a la gran labor que realizan; ustedes, son testigos del esfuerzo que se viene haciendo desde esta administración en forjar el cambio en este sentido, porque el  buen profesor sabe que no es el dueño absoluto de la verdad, ni que tiene todos los conocimientos.

Al contrario, es consciente de que el proceso de aprender no caduca y cada día es una nueva oportunidad para enriquecer sus conocimientos, especialmente en el proceso de retroalimentación con sus estudiantes, donde el maestro tiene mucho que aprender con ellos.

Es a través de este diálogo que el maestro se da cuenta de que educar a sus estudiantes, es en realidad sembrar una semilla que se cosecha en la sociedad para su progreso.

Además de enseñar gramática, matemática y ciencias, los maestros deben formar ciudadanos honestos: con ética y moral, reforzar los valores que la persona adquiere en el núcleo familiar.

Desde la familia, la comunidad, el trabajo, hay muchas personas que sin tener un título universitario se dedican a enseñar, compartir sus conocimientos, pero sobre todo a contribuir al crecimiento moral en el lugar donde se encuentran: la escuela de la vida.

A aquellos que sin serlo comparten su saber y sobre todo a los que a diario se levantan con la convicción de que desde su salón de clases está construyendo una sociedad mejor porque está educando a los hombres y mujeres del mañana, esos que levantaran a nuestros países con esfuerzo, trabajo, dedicación y moral. Así mismo invitarlos hoy a que sigamos luchando, formando y construyendo un mejor país. Pues todos los días hay manos que se unen para trabajar, para demostrar afecto, sin embargo, las mías se unen para aplaudir su gran labor día a día, para orar y pedirle a Dios bendiciones para ustedes y sus familias.

¡Feliz día del maestro!

 

RIDLEY HUFFINGTON BRITTON

Secretario de Educación

 

OFICINA DE PRENSA Y COMUNICACIONES

 

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