El estilo de vivienda típica es el mismo de otras islas del Caribe y fue traído por los ingleses durante la época de la esclavitud.
Tradicionalmente, hasta hace algunas décadas la construcción de una casa era un asunto que involucraba a toda la familia y a los amigos. Mientras los hombres trabajaban en la limpieza del terreno y la construcción de la casa, las mujeres se encargaban de hacer la comida para alimentarlos.
Por lo general, la cocina se construía lejos de la casa con la intención de evitar incendios.
Toda casa nativa tiene un balcón, bien sea al frente o bien alrededor, rodeándola completamente. Este espacio es importante porque allí se puede reunir la familia, descansar o hablar con los vecinos.
Las casa se construían sobre pilotes por dos razones: primero, para aislarlas de las inundaciones por mareas altas y lluvias, y segundo, porque se aprovechaba el espacio que quedaba bajo la casa para guardar materiales de trabajo.
Los colores alegres y las matas son elementos que le dan mucha vida a las casas típicas.
Aunque quedan pocas viviendas típicas, entre otras razones porque la construcción con cemento resulta más económica, las casas que hay en pie son un importante patrimonio arquitectónico y cultural de las tradiciones de la población nativa raizal. La unión entre empresa privada y gobierno desarrolla estrategias para conservarlas. Una de ellas es el concurso ‘La casa más bella’, que estimula la reconstrucción y el embellecimiento de estas viviendas, concurso en el que participan con buena disposición muchas familias nativas.
La Casa-museo isleña, en la Avenida Circunvalar, es una muestra de la esencia de la vivienda típica. |